Desde hace ya algunos años se
está produciendo una evolución acelerada del fenómeno de las series. Algunas de
ellas, con Lost (J. J. Abrams,
2004-2010) como abanderada, dieron el pistoletazo de salida a esta expansión.
Coincidiendo con el verdadero desarrollo de Internet como plataforma de comunicación
cotidiana de masas, Lost fue un
fenómeno insólito que estalló en las redes sociales, foros y blogs, donde
tenían lugar discusiones, comentarios o simplemente impresiones sobre los
capítulos de la misma, cosa que no se había visto antes a ese nivel.
Este propio crecimiento de la red
como espacio de comunicación fue unida al desarrollo de una nueva forma de
consumo de las series de televisión: la descarga o el visionado online de las
mismas. Si empezó como un mero complemento a la emisión televisiva, pronto
desbancó al televisor físico y actualmente la gran mayoría se consume a través la
red, por ejemplo en páginas como seriesyonkis,
seriesly o series web, que reciben día a día miles y miles de visitas. La
expansión ha sido tal, que actualmente es mucho más usual escuchar decir a
alguien el término “seriéfilo” que cinéfilo[1]. Pero el paralelismo entre los dos
mundos de la ficción audiovisual no acaba aquí. Es preciso señalar el éxodo de
grandes figuras como directores, guionistas y actores, entre otros, así como de
gran cantidad de capital de producción, hacia las series. Si antes el género
televisivo era una cantera para los futuros realizadores cinematográficos,
actualmente ya tienen custodia compartida, donde renombrados directores se unen
a un mercado al alza, como Martin Scorsese con Boardwalk Empire (2010-actualidad)[2].
Pero paralelamente a este
crecimiento también surgió el fenómeno de las series web (o webseries), que no
son ni más ni menos que series de ficción producidas exclusivamente para
Internet. En España la primera vez que la idea aterrizó a la realidad fue en
2004 con la comedia de animación flash Cálico Electrónico. Muy distante de grandes presupuestos y de productoras como tal
que lo respaldaran, con los consiguientes problemas económicos que llevaron a
su cierre temporal, nace de la mano del diseñador Nikodemo y ha tenido una
repercusión muy notable[3]. Surgen más adelante otras series web que se
convertirán en hegemónicas del formato en España y que gozan de una amplia
popularidad, como son la valenciana Lo que surja (José Luis Lázaro,
2006-actualidad)[4], primera de temática homosexual y que suma unas visitas en la
primera temporada de más de medio millón de personas y sobre todo Malviviendo (David Sáinz,
2008-actualidad)[5]. Ésta ha gozado de mayor repercusión mediática y de audiencia,
con mayor número de visitas y apariciones en grandes medios, como en el televisivo
programa de Buenafuente.
De todas maneras, la principal diferencia es la corta e incierta duración de estas series web, debido a su igualmente insegura financiación y la falta de publicidad y patrocinadores que, en su caso, son las únicas fuentes de ingresos.
De la misma forma que en las
series convencionales se está dando cierta migración de directores y grandes
productoras están poniendo el modelo en su punto de mira. Un ejemplo extremo
encontramos en la Warner con su nuevo proyecto H+: The Digital Series (2012-actualidad), producido por Bryan Singer[6], que dirigió Sospechosos habituales (1993) y produce la saga X-men (2000-2014).
No obstante, este campo, como ya
venimos advirtiendo en todos los ámbitos de producción artística que buscan su
futuro en Internet -desde la música hasta las propias series-, está en proceso
de desarrollo. No hay un modelo establecido y ahora mismo se compaginan varias
formas de distribución. De la misma manera no hay que olvidar la trascendencia
del consumo “pirata” de las series convencionales, que tiene enormes
dimensiones. Esto no ocurre con las series online, que directamente nacen para
ser consumidas gratis y en la red. Las cadenas televisivas también están
viendo, ante una expansión imparable de la “vida en la red”, la importancia de
dar contenidos “a la carta” en sus webs. No están exentas las series en este
modelo de programación y distribución de la misma. También aquí hay diversas
opciones que toman las cadenas. Mientras en cadenas de emisión en abierto como
Telecinco o Antena 3 podemos ver los capítulos enteros de las series en sus
respectivas páginas web, en la web de Canal +, como canal de pago que se une a
este modelo incluyendo relevantes novedades, se hace a través de Yomvi. Este
servicio, que hace tan solo algunos meses ha incorporado la cadena, permite
mediante su suscripción, el consumo “a la carta” de contenidos, tanto en la
televisión mediante Digital + como a través de Internet. Algunos de ellos están
disponibles tan solo con el registro en Digital +, mientras que para poder ver otros
hay que pagar un añadido.
Cada cual se adapta en sus circunstancias
como buenamente puede y las opciones son múltiples y complejas. Sin embargo,
hay un hecho seguro: el modelo de consumo de televisión y por tanto (y sobre
todo) de las series ha dado un vuelco de un tiempo a esta parte con el
desarrollo de Internet y todo lo que ello conlleva, como son las redes sociales
y la capacidad de ver las series en el momento que pueda o le apetezca al espectador.
Este es el punto clave, el paso creciente de reunirse ante el televisor a la
hora de la serie favorita, a tener un almacén particular del que puedo coger
cuando quiera la serie y verla, ¡como si quiero ver tres capítulos seguidos! Y esto
no pasa desapercibido a las empresas del sector audiovisual, que tienen en
estos cambios de consumo su fuente de explotación o muchas otras veces, por su
carácter inseguro o falto de ingresos fijos, su estoque.
Jorge Dobón Mascarell

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